domingo, 3 de julio de 2011






Nada vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente. Ni flores, ni velas, ni luz de luna... Ése es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca o tus yo qué va. ¡Y ese eres tú!

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